¡Con un tipo de letra diferente!
(…) Y Paca se quedaba sentada en el banco del parque, con su batín puesto, mirando fijamente a los transeúntes mientras se imaginaba la desgraciada vida que tenían y la envidia que debían de tenerle por ser feliz. (…)
¡Buenas! o no tan buenas, si has vuelto de unas muy grandes vacaciones y ahora te queda el último empujón, en ese caso: mi más sincero pésame. Y ahora, entrando en materia, ¿nunca has ido por la calle y te has encontrado con alguien terriblemente feo? Seguro que sí, y no lo reconoces por educación, pero por dentro dice: ¡jope, que fea! y, análogamente, si te encuentras con una impresionante, también se te irán los ojos, por lo que no negarás que eres extremista.
Digo esto porque me he cruzado con una chica, que no sé cómo lo hace, es lo más feo que he visto en mujer–y rezo por que no lea el blog, y mucho menos se sienta identificada, aunque no la conozco, ¡chica, es que eres muy fea!–. Lo que hace el no cuidarse…(Me habrá visto y esta noche escribirá sobre mi en su diario, con corazoncitos, fantasía y otras tontería, y yo como no tengo diario te lo cuento a ti, mucho más sobrio, en Arial y cursiva, porque es un comentario a parte, sino el estilo sería normal)
En fin, ahora, imagina por un momento que se quitan los extremos, y no hay cánones de belleza, y todas fueran exactamente iguales, mismo estilo de vestir, mismo color de pelo, de piel, de ojos–muy importante el color de los ojos–, misma estatura, peinado, pensamiento…
¿Puedes imaginarlo? Sé que es difícil, pero si todas fueran como clones unas de las otras, ¿no desaparecerían los celos? y por consecuencia, ¿no desaparecería el amor? ya que no existiría la persona a la que quieres, sino un montonazo de gente exactamente igual que ni siente ni padece. El mundo se tornaría entonces en un sitio impersonal y frío, tan frío que hasta Greenpeace empezaría a votar a favor del cambio climático.
Y ahora deja de pensar en ese ejército de robots que tienes en la mente, o que estoy haciendo una analogía con la sociedad impersonal actual, que de eso ya habrá tiempo para hablar. Al quitarle la personalidad a miles de persona, el mundo se vuelve inhumano, ¿o no?
Y ahora cambio radicalmente de tema: ¿sabías que en la letra de cada uno revela nuestra personalidad? ¿No lo sabías? Pues se llama grafología, y ya hablé en su día de ella. Así que vamos a practicar un poco de grafología–aunque hay gente que eso solo sirve para confundir a la gente… ¡con qué rapidez afirma el ignorante!–, analiza grafológicamente, sin prestarle atención al contenido, la personalidad del autor de este texto:
“Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.”*
¿Alguna extraña razón te impide hacerlo? Pues lo he dejado muy claro en Verdana…
Es lógico que no puedas, grafológicamente, ya que la letra de imprenta es imposible analizarla, puesto que es una letra clara, fría y objetiva. Poniéndolo en relación con lo anterior, ¿no crees que ese mundo impersonal ya está aquí? El expandido uso de las nuevas tecnologías hace que la caligrafía pase a un marginado segundo plano, dejando lo que esta en nuestro fuero más interno para la lista de la compra, y ni eso, porque muchos la apuntamos en el iPhone. Y yo reconozco que no tengo buena letra–empecé a reconocerlo cuando dejé ciego a uno que leía mis apuntes de filosofía…–, pero en esa letra no-buena está implícita mi personalidad. Y tengo la teoría que los que tenemos una letra de ese calibre, no-buena, reconocemos más letras que los que tienen buena letra.
Por ello, aunque la letra sea mala, al igual que la fea, es única e irremplazable, es casi como una firma, pero más extensa. Por ello, tanto en el campo de la letra no-buena, como en el de la que es claramente legible y que da gusto verla–como, para mi, la mía–, ninguna es igual a otra. Porque si todas fueran Times New Roman, todos estaríamos igual.
Y me despido así hasta la próxima entrada.
*El fragmento de texto añadido pertenece a la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha


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