Libertad

Mi celda se abría poco a poco, estaba asustado, esta situación me imponía mucho respeto, hacía mucho tiempo que estaba cautivo, que estaba triste sin ver la luz del sol, y el hecho de poder volver a empaparme de ella hacía temblar mis piernas.

Fui dejando atrás la que había sido mi prisión tiempo atrás, las paredes, las rejas que cada día se me estrechaban más y más haciéndome vivir tal calvario, una vida que se iba agónicamente con cada suspiro que de entre mis rejas salía lentamente, escapándose poco a poco de mi para ser libre. Tanto me habría gustado ser uno de esos suspiros que con el aire se iban para no volver nunca más.

Avanzo por el pasillo de la prisión, en dirección a la salida, mi deseo se había cumplido, ahora era yo aquel suspiro que salía mirando a todos lados como un niño curioso, aquella antigua cárcel se me antojaba más iluminada, respiraba más alegría entre sus melancólicos muros, sus frías rejas parecían más inofensivas, incluso más pequeñas. El charco que con las lágrimas había formado agarrado a los barrotes prácticamente se había consumido hasta ser una pequeña gotita de mi que en la puerta de la celda se quedaba.

La enorme puerta de la prisión se abría ante mi, sólo para mi. Luz, sólo luz, podía ver el blanco perfecto de una luz cegadora que encandilaba mis ojos. Lentamente fui reconociendo los objetos, la carretera, algunos árboles alrededor de este centro penitenciario. Caminaba hacia la luz, caminaba hacia mi libertad con una alegría tal que paradójicamente apenas la sentía.

Nunca supe el motivo de mi arresto, ni el crimen cometido para recibir un castigo de tal calaña, pero ahora eso no importaba, ahora nada me preocupaba, tan sólo sentía una paz interior tan grande que parecía que había estado ahí toda la vida, oculta, esperando a salir, una paz que hasta ahora tan sólo se había mostrado en forma de felicidad, y es que la felicidad es tan sólo un reflejo de esta paz, de La Paz.

Me alejo de la cárcel por aquella carretera, andando sin prisas pues ya soy libre y nada me perturba. No quiero mirar atrás, nunca lo haré, ni volver a mirar esa pútrida prisión que me mantuvo preso durante tantos años. Bajo la creencia, quizás falsa, quizás cierta, de que mirar atrás me haría volver en algún momento, caminaba por aquella carretera mal asfaltada, mientras escuchaba el horrible pitido de una máquina que indicaba que mi corazón hacía tiempo dejó de latir. 

Aunque aquí carezco de compañía, no me siento solo, como ya dije antes, siento paz. En una última tentación decido mirar atrás y mi sorpresa fue no encontrarme nada, sólo la luz blanca que me llenaba de paz,  mi paz. No veía ya mi cuerpo sin vida en el impersonal lecho del hospital que me retuvo atado durante tantísimo tiempo, ni el llanto desconsolado de la que a partir de ahora sería mi viuda, mi amor verdadero, aquella que fue el primer contacto que tuve con un ángel de carne y hueso desde el día que la conocí.

Yo aquí y tu allí, no es egoísmo, es ley de vida, nada se puede hacer, nunca quise separarme de ti, pero aquí estoy mucho mejor. Me encantaría que estuvieras aquí conmigo, disfrutando cada segundo de los que perdimos por culpa de esa maldita enfermedad que me mantuvo prisionero hasta el «fatídico» día de hoy. 


Por mi no te preocupes más, sólo quiero que ahora estés bien que seas feliz, que si pudiste cuidar de mi todos estos años, no cabe duda que eres un ángel con mucha más bondad de los que por aquí andan. 


Comentarios

más leídas