No abras los ojos

Arrebatar la inocencia debería ser uno de los mayores pecados, de los que no hay forma humana de perdonar. Abrir los ojos a una madurez inminente a un niño, adelantando el proceso natural, se convierte en un crimen salvaje, que cuesta trabajo creerlo.

Al igual que los niños más despiertos, en plena primaria, intentan demostrar su superioridad "intelectual" y madurez, ante los menos despiertos, demostrando con todo su empeño e ímpetu la inexistencia de los tres Reyes Magos, algo que, admitimos como argumentos todos lógicos, pero, ¿hay necesidad de destrozarle la visión a un pobre chiquillo que con ilusión el seis de enero espera sus juguetes nuevos? ¿El ser humano, en su búsqueda de la felicidad, se frustra y cambia de objetivo a conseguir que otros no sean felices?

Al igual que la nieta que rechaza todos los regalos que su abuela hace con suma ilusión para la cosa que más quiere en el mundo, tan sólo porque no le gusta. Todo el trabajo que le costó tejer ese suéter que por no ir a la moda reposa en el fondo de un armario lleno de trapos, tanguitas y minifaldas. Al igual que esa chica que descubre que está siendo engañada por su novio con su mejor amiga, descubriendo que todo el amor volcado en él se derrumba en un instante.

Al igual que el chico que le declara su amor a una chica y esta lo rechaza sin el más mínimo tacto, habiendo preparado cada detalle para que ella lo apareciera, pero resultaba demasiado "popular" para un simple "pringao". Al igual que ese ser que hace llorar a una mujer y se va dejándola desamparada, con el rostro lleno de lágrimas, suplicante de amor puro y verdadero.

Al igual que todas estas cosas que parten en mil pedazos el alma, desgarrándola, que hacen sentir en la garganta un nudo, que alguna lágrima dejan entrever de entre los ojos, me surge una pregunta, ¿cómo hay gente que es insensible a estos hechos? Me cuesta mucho trabajo pensar en que haya hombres capaz de hacerles fotos a un niño que no irán a parar al álbum familiar, que se perderán en una nube de internet mientras miles de viejos babosos disfrutan a la verlas.

¿Cómo se puede gozar, cómo hay quien obtiene placer viendo El desnudo de ese cuerpo angelical? ¿Quién tiene la vergüenza siquiera de tocar a un niño? ¿De hacerle cosas tan horribles que cuesta decirlas, incluso imaginarlas por las dureza de las mismas? No comprendo como hay hombres capaces de eso, de llegar tan lejos y que su consciencia permanezca tranquila, capaces de vivir el día a día sabiendo lo que han hecho. ¿En qué clase de sociedad está bien visto?  

Si con cada sonrisa que te dedican es como la más bella de las canciones a tus oídos, como si el cielo se abriera para dejar ver el más puro de los rayos de los rayos del sol. Si con esa mirada tan pura que te atraviesa el alma, sin el más mínimo atisbo de maldad en ella. Cuando un niño te ofrece su amistad, te está ofreciendo un tesoro sin igual, que no se puede pagar ni con todo el oro del mundo, y sólo devolviéndole esa amistad se puede saldarlo.

¿Quién en su sano juicio es capaz de tomarse esa amistad por algo sin valor, sólo por no ser material? La infancia es la mejor etapa para soñar, la edad para crear de la nada, para ser los artistas que reprimimos en la madurez, es el mejor regalo que tenemos las personas, y arrebatarlo merece la cadena perpetua. Un crío es una persona, no un juguete.

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