La vara del zahorí

No soy un visionario pues no tengo mayor visión de las consecuencias que una persona normal, tampoco me considero un vidente pues no veo el futuro de la manera exacta de los profetas, ni los resquicios de un mundo paranormal que se dejan ver vagamente por nuestra dimensión. No obstante, puedo ver donde nadie más ve, encontrar lo que buscan, incluso sin que sepan lo que están buscando. Tan sólo con dos varas, ya oxidadas, consigo desenterrar el agua que oculta el desierto.


Para entender la vida no hace falta ser demasiado listo, no hace falta un master en ingeniería ni un doctorado en medicina. La vida es simple, no tiene mayor complicación que las que nosotros mismos nos buscamos. Todas las decisiones que tomamos nos van determinando en lo que somos, el camino que hoy andamos en producto de decisiones que hemos ido tomando a lo largo de nuestro tiempo. Siendo así se sencillo, sólo bastaría tomar las decisiones adecuadas para alcanzar los mejores objetivos.

Una de las claves es nunca poner el dinero como meta. Nadie necesita finalmente el dinero para nada, es sólo un medio de conseguir lo que necesitamos, entre otros, comer, beber, una vivienda, diversión. Que una moneda no vale nada si no es usada para el cambio por otra cosa, y guardarla y vivir sin decidir qué comprar, con la triste ilusión de poder tener y no tenerlo es lo mismo que el zahorí que encuentra el agua y no excava la tierra en su búsqueda. 

Pues yo soy aquel que ve ese agua bajo las arenas de un desierto, soy el que ve llorar a las flores en el fin de la primavera cuando sus pétalos se marchitan, soy el que ve la risa pura y sincera en los charcos de agua de lluvia, como los niños agradecidos de corazón. Soy el que ve tu alma con tan sólo mirarte a los ojos y sabe lo que sientes incluso antes de qué logres encontrar las palabras que se acercan a su definición.

Persigo los sueños rotos que fuiste dejando en el camino, como migas de pan a la desolación. Encuentro los besos robados que permanecen guardados en tu eterna memoria y jamás podrás olvidar. Intento que dejes de buscar aquella lágrima que cayó en el mar porque no merece la pena cerrarse en un pasado oscuro y temer a la luz del presente. Me alegro al encontrar la corriente de agua, como una veta de oro para un minero, que fluye en tu interior. 

La noche es más que mi aliada, es mi amiga y compañera, traicionera pero refinada señora que me acompaña a la luz de la luna, donde corren los sueños como estrellas en el cielo. Todo lo contrario a ese día caluroso que poco a poco te va matando de sed y de hambre, cuando el sol intenta ejercer su dominio sobre todos los seres de la tierra. Pero no por actuar entre las sombras soy un ser oscuro, más siniestro es el que sonríe al día y apuñala en la noche.

Si veo el mundo de otra manera, con otra forma de pensar y ver lo que nadie más quiere ver, quizás sea porque estoy más atento a aquellos pequeños detalles que el mundo nos va dejando. Soy capaz de ver las maravillas que este mundo nos va dejando en cada rincón, en cada esquina, desde los pétalos de la más delicada flor hasta las suaves olas de la mar en calma. Yo soy capaz de entender la vida tal cual se muestra.


No soy un visionario pues no tengo mayor visión de las consecuencias que una persona normal, tampoco me considero un vidente pues no veo el futuro de la manera exacta de los profetas, ni los resquicios de un mundo paranormal que se dejan ver vagamente por nuestra dimensión. Soy un simple zahorí que vaga por los desiertos en busca de agua. 


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